TENNÔ, EL EMPERADOR
TENNÔ, EL EMPERADOR
Giny Valrís
MAKU I
Escucho sus voces desde algún recóndito lugar de mi mente y siento que el suelo palpita bajo mis pies. Pliegues vacíos de motivos que ya no van a ninguna parte. Suspiro, aunque ya no sé por qué. Creo que lo he perdido todo y, sin embargo, hay tanto por ganar todavía... Abro los ojos y sus voces siguen ahí, acechándome. Buscándome como luces en la noche, como una cacería que me conduce a un callejón sin salida. Sin camino a ninguna parte. Creo que puedo oírles y, sin embargo, sus voces están muy lejos. Sus motivos son tan lejanos y desconocidos que aún no sé cómo haré para satisfacerlos. Cómo haré para no defraudarles, para no romper el equilibrio que durante generaciones ha mantenido erguido este mundo.
Escucho sus súplicas y sus miedos como si los tuviera aquí, delante de mí; mas sus cuerpos se encuentran muy lejos. Aún me siento protegido por los altos muros que rodean el palacio y sé que nada podrá acercarse a menos que yo salga de aquí. Pero no son sus voces lo que me perturba, sino sus miradas. El color de sus ojos y el calor de su piel que me cubre en cuanto oscurece. Cierro los párpados y están junto a mí, aguantando con la mirada perdida, alzando sus brazos para alcanzarme, como si yo pudiera cogerlos y acunarlos.
Ya no pienso en el castigo que supone para mí este propósito, sino en la desgracia que es no haber sido instruido para ello. Quisiera tener el poder de sanar sus heridas más profundas y satisfacer sus más codiciados deseos. Ahora comprendo por qué el ser humano no puede gobernarse a sí mismo, por qué ansiamos aferrarnos a algo superior.
Sé que el mundo en el que vivo está vacío y opaco. Nada de lo que tomaba por cierto es real ahora. Nada en lo que confiaba existe ya para mí. Todo está muerto y el mundo carece de sentido. Pero nos seguimos aferrando a un ideal, a una cuerda suspendida y colgada de ninguna parte. Nos amarramos a ella con todas nuestras fuerzas con la esperanza de que pueda impulsarnos hacia otro lugar; como si la situación pudiera cambiar por sí sola. Y, mientras tanto, aquí estamos. Aquí estoy, dispuesto a romper con mi destino y desviar mi vida hacia un rumbo adverso.
Nada de lo que sucederá a partir de ahora será por mi propio deseo, yo jamás pensé que todo nuestro mundo podría ser una pantomima. Papel arrugado. No quería verme envuelto en nada parecido. No soy yo quien lo decide. Aunque, irónicamente, yo sea la figura de mayor relevancia en el mundo entero. Pero las caras de fatalidad de todas esas personas me han conmovido. Sé que esto es lo correcto. El espectáculo debe continuar. Y si yo no hubiera accedido, otro habría ocupado mi lugar. Al menos este peón sabe cómo terminar la partida.
MAKU II
Naoko estaba tumbada sobre mí cuando escuchamos el ruido. Parecía un chasquido, como un ronquido surgido de la tierra. Nos incorporamos de inmediato. A nuestro alrededor se extendía la Llanura Gris, tranquila y cinericia. A lo lejos, la orilla del mar había comenzado a retroceder. En apenas unos segundos, la escasa superficie de agua que cubría un vasto manto de algas y arena cobriza quedó al descubierto. Antes de que pudiéramos reaccionar, el mar quedó consumido ante nuestros ojos y no había nadie más ahí salvo nosotros para presenciarlo. Las luces de neón en los edificios iluminaban tímidamente el horizonte, como si nada hubiese pasado.
Nos miramos ojipláticos sin saber qué decir. ¿Qué se supone que debes hacer cuando tienes un nudo en la garganta? Sentí que el miedo me había parasitado la mente paralizando todo mi cuerpo. Ver la llanura completamente desprotegida, sin agua a su alrededor, y con aquellos edificios gobernando el horizonte me hizo sentir minúsculo. Me apoyé en el pecho galopante y desnudo de Naoko para incorporarme. Enseguida noté que estaba llorando. Sus pupilas repasaban la superficie vacía del mar como si pudieran comprender algo que a mí se me escapaba. Entonces, el cielo empezó a cesar la llovizna que había arropado a la ciudad desde que tengo memoria, como si quisiera cederle más lágrimas. Poco a poco, las gotas que acariciaban las luces de neón desaparecieron. Tal y como había hecho el mar.
La noticia de la sequía no tardó en alcanzar los extremos de la ciudad. Todos los ciudadanos comenzaron a manifestar inquietud. Al principio en la intimidad de sus hogares. Después, con breves comentarios en las calles al cruzarse con otros vecinos. Pronto, las pantallas que iluminaban los ventanales recorrieron las avenidas con noticias alentadoras acerca de los tanques de agua. Naoko entonces me miró, confirmando lo que temía.
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