Engancha la barra

28 de Abril de 2026

Engancha la barra

Vanesa Figal


Primer Tiempo

Tanteo


«Durante el tanteo queda prohibido golpear las partes vulnerables del cuerpo —cabeza, garganta e ingles—, so pena de expulsión permanente del partido. La utilización de casco y protecciones pesadas es optativa».

Reglamento oficial de Roller Contact 2192


—Lo estabais deseando y aquí están. Defendiendo la colina azul, el equipo que lleva invicto toda la Liga Bit. Dadme un buen grito para los grandes favoritos de esta final: ¡Los Angels de Advanced Genetics! ¡Kira! ¡Hwan! Y su capitana, ¡Sei Shinkawa! Que os oigan, joder. —El viejo Yuma hace una pausa dramática antes de seguir con la perorata—. Así me gusta. Shinkawa podría hacer historia esta noche, si los Angels se llevan el trofeo será la décima victoria de liga consecutiva para su estrella, que superaría el récord de su padre, el gran Tetsuo.


Bajamos por nuestra rampa de entrada al circuito y el rugido del público hace temblar el estadio. 

Siento un hormigueo que comienza en el centro del pecho y se extiende hasta la punta de mis dedos como una corriente de baja intensidad. En realidad, ya no me pongo nerviosa, en plan mal, digo. Con esos nervios que te agarran el estómago y te dejan media hora en el baño. Ni siquiera en un día como hoy. Llevo mucho tiempo jugando, pero, en cada inicio de partido, cuando llega el momento de salir a la pista, permito que la emoción de las gradas me envuelva. A veces me noto muy ligera, casi flotando sobre los patines. Otras, como hoy, siento esa electricidad. 

Nada más entrar, el cerro que debemos proteger nos saluda, una elevación azul cobalto de tres metros y medio de altura que esconde el pequeño hueco de encaje. Hwan cambia el peso de un patín a otro y se atusa repetitivamente con la mano su melena emplumada. Le tiene tirria al azul, dice que es un color triste, que trae mala suerte. A mí me da igual, una colina es una colina. 

Hwan cruza los dedos y toma la curva izquierda, Kira la derecha y yo… Yo alargo un poco mis pasos y llevo el equilibrio hacia delante para subir el cerro. En la cima engancho el borde de la pequeña circunferencia interior entre las ruedas y alzo el puño hacia el público. El griterío se convierte en un clamor. Si es que la gente se vuelve loca con cualquier cosa. Luego me deslizo por la ladera contraria hacia el amplio cruce donde el circuito se abre para abrazar cada colina artificial y darle su nombre al ocho. 

Hwan y Kira me están esperando. Nuestros rivales, también.

Mientras Yuma presenta a los Aeroclean Beasts, me tomo un tiempo para observarlos. Aprecio el tono dorado de la piel de Dolores y del cacho tanque que tienen como ala derecha, y el pardo oscuro de la desalmada de Aline, su ala izquierda. Ambos colores destacan contra el amarillo flúor de su equipación. En comparación, nosotros, vestidos con el uniforme negro de los Angels, parecemos aún más pálidos. Su gigante, Nino le llaman, tiene una fea prótesis de metal donde debería estar su brazo derecho, pero Aline es cien por cien orgánica. Y puedo dar fe de que Dolores, también.

La locución interminable acaba y un barullo crece en las gradas. Nuestro sector de hinchas, casi tres cuartos del estadio, abuchea e impreca a los Beasts sin ningún tipo de filtro. Muchos no entienden qué hace un grupo de gaijin, de parias, en la final ni cómo han condenado a jugadores «de verdad» a la parte más baja de la tabla. Les diría que es porque son tremendamente buenos, pero no querrían oírlo.

Dolores eleva la barbilla, desafiando al público, y pienso en esas estatuas del museo de preservación de arte mundial. En alguna guerrera o diosa de la Europa perdida. El hormigueo regresa. Y entonces me percato de que hay un sector que sí corea sus nombres. Seas quien seas, siempre vas a tener devotos.

La pantalla del cronómetro se ilumina con un mensaje: «Saludar». Al unísono, todo mi equipo eleva los brazos por encima de la cabeza en una equis para mostrar la elegante filigrana de plumas negras que los recorre. Es una hélice que va desde el interior de las muñecas hasta los hombros. Una marca única y patentada, cortesía de la modificación genética de Adgen, que nunca deja de molestar, y avisar, a nuestros rivales.

Los Beasts, como de costumbre, ni pestañean y saludan con un simple eshaku.


Conoce más sobre esta obra en: Apache Libros

    Engancha la barra