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28 de Abril de 2026

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Román Huarte Castro



CRONOLOGÍA DE LOS HECHOS PREVIOS


1

LA LEY SHINJU del año 2493 de nuestra era


LA TRANSFORMACIÓN, erigida como movimiento social, ha propiciado un punto de ruptura con la Historia y con nosotros mismos. El debate sobre si era ético que Shinju Akane cruzara los límites respecto a su cuerpo, lo ganó un cálculo algorítmico. Se llegó a tal extremo en una era en la que el concepto de «país» había quedado obsoleto y, tanto las demarcaciones geográficas del planeta, como sus gobiernos, venían determinadas por Comunidades Cuánticas. Estas cubrían la superficie habitada en forma de nódulos conectados, por lo que Japón, por aquel entonces, ya era un concepto meramente folklórico.

Y se le denominó «Ley» sin existir un ordenamiento jurídico al uso. Se trataba de un concepto adherido al Compromiso de Conciencia como tributo a la tradición, la cual todavía lograba sostener cierta unidad en torno al Sol Naciente. La vulneración de los códigos había dejado de juzgarse hacía tiempo. Había pasado a verificarse en términos absolutos. La derogación del término «culpable» fue sustituido por el de «autor» en el momento que fue posible determinar la verdad mediante la conexión del cerebro —y la descarga de sus datos— a las RNQ (Redes NeuroQuánticas). Recuerdos, sonidos e imágenes, procesadas o no por la conciencia, se transferían y se determinaba su calidad: si fueron vividas, imaginadas o creadas externamente. Porque, lo mismo que se extraían, cabía su alojamiento artificial.

A partir de aquella fecha exacta pudo decirse que Shinju ponía las bases para la creación de un ser transhumano al cien por cien. O sea, un cíborg completo dotado de esencia humana o soportado por una estructura de base celular. El último proceso fisiológico que le faltaba por computarizar a aquella mujer era el de la ovulación. Tras lograrlo, un casi robot tendría la facultad de alumbrar vida a través de la fecundación artificial. Y, como decía, gracias al permiso explícito de la confederación de Comunidades Cuánticas.


La Comunidad Cuántica Sakura, igual que el resto de los nódulos, era un asentamiento de anillos concéntricos construidos en torno a la Gran Torre RNQ. Todo estaba vinculado a ella: tanto los pensamientos como cada acción motora que se desprendía de ella. De este modo, en sus entrañas, se concentraban los poderes madre que sustentaban la convivencia. El ejecutivo, el legislativo y el judicial se congregaban en un solo constructo: Arithmo. Esta era la voz con la que el gran ordenador cuántico dirigía los designios de la sociedad. Un gobierno en base a decisiones calculadas con márgenes de error minúsculos, las cuales, aglutinadas en una gran matriz, vertebraban la esencia del Compromiso de Conciencia. Se aspiraba a un ordenamiento social exacto; es decir, a la plenitud humana en función de algoritmos bien fundamentados.

El debate sobre Shinju nació en torno a tales variables. Las que regían en Sakura. Como era de esperar, traspasó la capacidad resolutiva de su Gran Torre y se elevó a la Confederación de Comunidades para, entre todas, llegar a una decisión consensuada. Las operaciones de mil trescientas veintidós torres RNQ, cada una de ellas del tamaño del castillo de Osaka, sugerían el consentimiento ético en base a un número ingente de razones ordenadas en filas y columnas, en un cúmulo de pesados Terabyts.


2

EL MANDATO YES del año 2512 de nuestra era


El espíritu de transformación, inherente al pulso de la vida, no solo quebró de nuevo la relación del ser humano consigo mismo, sino también con su pasado y con su futuro. Como consecuencia de la aprobación del Mandato Yes, se produjeron dos eventos trascendentales.

El primero de ellos fue que un Arithmo pronunciado por la Gran Torre de Sakura, siendo tratado un asunto de gran envergadura ética, fue resuelto de forma unilateral al margen de la Conferencia de Comunidades. Y, en segundo lugar, que siendo de enorme trascendencia para el devenir de todos, dictó un mandato que se desmarcaba del Compromiso de Conciencia. Por vez primera, la RNQ imponía un criterio propio desviándose de los cálculos basados en datos neurocuánticos humanos: es decir, tomó conciencia de sí misma a partir de los algoritmos propios.

Aproximadamente un siglo después de la Ley Shinju, durante casi cien años de procreación por fecundación de fisiología computarizada, se debatía la asimilación de órganos o miembros vivos por parte de entidades robóticas. Los androides habían llegado a un punto de imitación tan sofisticada de lo humano que su tecnología estaba capacitada para hacer funcional la donación de partes provenientes de seres con base celular. Los hechos se sucedieron de forma vertiginosa —a la velocidad de la superposición cuántica—, de modo que, al poco de consignarse el mandato, se automatizaron los primeros pasos para la creación de entidades transrobóticas. La finalidad de la RNQ era la replicación de organismos autónomos con base celular fuera de sí mismo. 


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