CORRUPCIÓN
CORRUPCIÓN
Enrique Dueñas
The Washington Observer
Sábado 29 de Abril, 1922
¡ESCÁNDALO SENSACIONAL!
¡CORRUPCIÓN EN WASHINGTON!
Por Lawrence C. Israel
El secretario del Interior podría haber alquilado ilegalmente las reservas de petróleo de la Marina en Teapot Dome. El escándalo afecta a todas las ramas de la administración Warren.
El corazón de la América trabajadora ha sido apuñalado una vez más, esta vez por los mismos hombres que juraron proteger la Constitución.
Muchos nos hemos preguntados cómo es posible que el secretario del Interior, Albert Bacon Fall, se haya hecho tan rico en tan poco tiempo. Según fuentes cercanas al gobierno, el señor Fall lleva más de un año alquilando a empresas privadas reservas de petróleo destinadas para uso exclusivo de la Marina. Una de las reservas afectadas se encuentra en Teapot Dome, Wyoming. A falta de verificación independiente, no podemos revelar el emplazamiento de las otras.
Algunas de las empresas que se han visto beneficiadas de esta trama han sido Mammoth Oil y la Pan American Petroleum and Transport Company. Ninguna formó parte de un concurso público previo y existen indicios de que la transferencia de competencias vino acompañada de importantes sobornos.
El senador por Wyoming John B. Kendrick pidió la apertura de una comisión de investigación la semana pasada. Hoy declara: mi oficina ha sido destrozada y he perdido muchos documentos, algunos personales y otros con información sensible. Estos hechos lamentables deberían ser prueba suficiente de la culpabilidad de Fall y de la complicidad de todo el Partido Republicano.
Usar recursos de nuestras tropas para el enriquecimiento personal es repugnante y, en opinión de este periodista, inaudito en la historia de la política moderna. Como quizás sepan los lectores, el hombre que firma estas líneas fue un orgulloso miembro de la Marina. Miles de hombres murieron en la Gran Guerra y ahora se agitan intranquilos en el lecho marino y bajo los campos de Europa. Su sacrificio permite a nuestras familias gozar hoy de libertad.
Creo en la América humilde. La gente que trabaja en aldeas, granjas, pueblos pesqueros y madereras. Ellos son los que ponen y quitan presidentes. Los que deciden el destino de este país.
Desde mi tribuna en Washington D. C., yo declaro: El escándalo de Teapot Dome no será olvidado fácilmente.
Sábado 5 de Junio de 1926
Nadie se acuerda del escándalo de Teapot Dome.
¿Sabes cuál fue mi mayor error, Rose? Venderme a medias. Tenía que haber escogido. O bien te callas del todo, o bien te mantienes firme. Pero, ¿tomar la ruta de en medio? Eso es una mierda.
Hice lo que me pidió el jefe. Quité muchos nombres y limé mis frases. Publiqué un artículo despiezado, para dejar contento a todo el mundo. Aun así, me gané muchos enemigos. Y, ¿para qué? No logré cambiar las cosas en Washington.
Y ahora estoy en Alaska.
Te lo diré claramente, Rose: si querías sacarme de Washington podías haberme enviado a Nueva York. Sabes que llevo meses sospechando que hay algo muy extraño en la construcción del Edificio Beaumont.
¿Qué cojones me importan a mí las estrellas fugaces y los meteoritos? ¿Qué esperáis encontrar aquí exactamente? Creí que trabajaba para el Washington Observer, no para la redacción de Weird Tales.
¿Sabes a quién tenías que haber mandado aquí? A Daniel Gowan. El hijo de puta escribió diez mil palabras sobre el incidente de Tunguska sin haber pisado Rusia.
El sol me ciega los ojos. He preguntado a los locales y me han dicho que me espera un mes entero sin noche. Maravilloso. Como si no tuviera ya suficientes problemas para dormir. La gente, por cierto, es extremadamente amable. Eso no sería malo, si no fuera porque no paran de hablar ni para beber. Resulta insoportable. También están empeñados en que coma a todas horas. Dicen que estoy muy delgado y que en la ciudad solo sirven basura. En eso último no se equivocan.
Por cierto, son todos feísimos, más incluso que tu hermana. A la mayoría les faltan los dientes o se les cae el pelo a mechones. Cosa de la vida en las montañas, supongo.
Lawrence
P. S. Estoy mandando las cartas por correo aéreo. Hay una oficina a apenas diez millas de aquí y sale un tren todos los días. Confío en que la empresa me reembolse los gastos.
P. P. S. ¿Qué hay de la entrevista con Edward Wetterman? Fue extraordinariamente difícil conseguir la aprobación del director del hospital psiquiátrico. ¿Por qué no se ha publicado aún?
Martes 8 de Junio de 1926:
Queridísimo Lawrence:
Me alegra saber que has llegado sin problemas a Brightclough. Sin embargo, estoy algo preocupada por tus problemas para dormir. ¿Has llevado contigo algo de tu medicina?
Si permanecer en Brightclough es un problema, puedes volver cuando quieras. Ya sabes que el periódico te pagará el billete de vuelta igual que te ha pagado el de ida. Desde tu despacho puedes continuar con tu serie Dónde viven los ricos, que resulta especialmente exitosa entre nuestras lectoras maduras.
Confío plenamente en tus habilidades como escritor. Sé que pronto nos regalarás uno de tus magníficos artículos. Ahora bien, algo que quiero pedirte es que, en el futuro, tengas más cuidado con las palabras que utilizas para describir a tus compañeros de trabajo.
Atentamente,
Rose Slaughter
P. S. Respecto a lo del correo, pide las facturas. Ya hablaremos cuando vuelvas.
P. P. S. El jefe cree que la entrevista con Wetterman no debería publicarse. Las preguntas se centran mucho en las condiciones de los mineros y no en el asesinato de su hermana, que es lo que interesa a nuestro público.
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