CANTO I

28 de Abril de 2026

CANTO I

Arturo Pulido


Pensó una última vez

en lo que había visto,

en lo que había hecho.


En cómo envidiamos,

los crueles carceleros,

a todos los niños

que encerramos dentro.


Niños... que no habían visto lo que él,

que quizás nunca lo fue

porque no pudo,

porque no supo.


Empezaba a amanecer.

A Nueva York no le importaría

otra mancha más,

¿cuántas hubo ayer?

¿y hace dos días?




Pero dejarle un susto

de propina al limpiacristales

no le hacía sentirse a gusto.


Había que darse prisa.

Niños... su sabor iba a acompañarle

en el instante final,

junto con la tinta de cierto libro

pegada al paladar,

insípida, como el resto

de su vida ya.


Llamaron. Ya lo sabían:

la policía no tardaría en llegar

¡lástima hacerles subir

para tener que bajar!


Así es Wall Street.

Tiró la falange, minúscula,

pegajosa de cartílago,

la observó caer al abismo

y se dijo:


«¿No es ridículo, en el fondo,

haber madrugado el día

que vas a aceptar el despido?

... Iä... Iä...»


Y echó a volar.


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