ASCENSO A LA MEGAESTUCTURA
ASCENSO A LA MEGAESTUCTURA
A. J. OGAYAS
Daiko comprueba los servopropulsores de sus botas por enésima vez.
Funcionan a la perfección, no hay ni el más mínimo retraso entre el momento en el que él da la orden, a través de un botón implantado en la palma de su guantelete derecho, hasta que se activa la propulsión de sus botas. El aire a presión que saldrá de los orificios realizados en las suelas permitirá que tanto Daiko como sus compañeros de equipo se eleven a través de un gran —e indeterminado— número de niveles urbanos por encima de ellos.
A esta unidad de exploración de élite se la denomina Fantasmas del Cromo, nombre que viene atribuido a causa del color de sus armas, cromadas por efecto de electrolisis, y de su objetivo, ascender nivel tras nivel sin dejar rastro, como un espíritu errante, hasta encontrar el descanso una vez llegado a su objetivo.
Daiko es uno de sus integrantes; un chico de diecisiete años, estatura media y constitución fuerte. Acaricia sus guantes de titanio cristalizado, con superlativas propiedades antiabrasivas, de gran flexibilidad y resistencia. Combinando su fuerza bruta con los campos de energía concentrada del que se ha dotado a sus guantes, ningún enemigo será capaz de hacerle frente.
Daiko mira a Shingo, su amigo y compañero, dos años mayor que él. Es alto, y no tan delgado como la mayoría de los habitantes del Sector V. Quizás se deba a su falta de escrúpulos a la hora de alimentarse con las ratas que encuentra entre la basura. Tiene el pelo largo, recogido en la frente por medio de una cinta. Acaricia su catana cibernética, de bordes monomoleculares vibratorios. Su filo es capaz de cortar cualquier elemento conocido.
A su lado, Kazue baila una danza mortal con su exoesqueleto cromado; una armadura que se adhiere a su cuerpo como una segunda piel, y que se extiende desde los pies —ahora cubiertos por las botas que usa el equipo—, hasta el cuello y la parte exterior de su rostro. El exoesqueleto deja poco a la imaginación de su bonito cuerpo femenino. Su pelo es largo y abundante, y parece tan suave como ese material llamado seda, que ninguno de los habitantes del Sector V conoce, más allá de haber escuchado sus características en las historias de los cuentos antiguos. Kazue tiene dieciocho años y es la novia de Shingo, aunque raramente muestran su afecto en público. A Daiko le gusta Kazue tanto que cree estar enamorado de ella. Nunca se atreverá a confesarlo. La fuerza y resistencia que Kazue otorga a sus movimientos gracias a su exoesqueleto hace que no tenga rival en el cuerpo a cuerpo; seguramente solo sería vencida por un golpe de los guantes de Daiko o un corte de la catana de Shingo, aunque para ello deberían llegar a tocarla, algo con lo que ninguno de ellos cuenta.
Tomonori es el cuarto y último miembro de los Fantasmas del Cromo, con la elevada edad de treinta y seis años, es el líder de la unidad. Él ha entrenado a los demás. Tiene en su poder un arma de fuego corta; en apariencia es una simple pistola de tiempos pretéritos, pero se trata de un arma de pulso electromagnético (EMP), capaz de desactivar dispositivos electrónicos avanzados y sistemas cibernéticos. Tomonori sabe de la importancia de su arma para la incursión que se disponen a emprender, y por ello la guarda, enfundada y con gran celo, entre los pliegues de su raída capa de cuero.
Todas y cada una de sus armas han sido creadas con la tecnología y conocimientos informáticos más avanzados del Sector V, conformadas por piezas y materiales raros, a veces recogidos como basura que es arrojada desde los Sectores superiores. Científicos y mecánicos han trabajado durante años en su diseño y creación, así como en las botas con servopropulsores.
—Es el momento —anuncia Tomonori.
Daiko, Shingo y Kazue le miran y asienten.
Las miradas hablan por sí mismas. Permanecen en silencio durante unos largos segundos.
El ascenso a la Megaestructura empieza.
Saben que es un viaje de solo ida.
No son tan ilusos como para permitirse pensar en lo contrario.
* * *
El objetivo de los Fantasmas del Cromo es llegar a la cima de la Megaestructura, un complejo empresarial cuyo significado y propósito ha sido olvidado para los ciudadanos del Sector V. Arriba, esperan encontrar a las personas adecuadas que pongan fin a la miseria de sus vidas y la de sus conciudadanos. Poco se recuerda de los días anteriores a la Fundación, cuando Industrias Pesadas Zenith Cybernetics comenzó la construcción de la Megaestructura. Los Fantasmas llevan años preparando este momento, en el que se decidirá si el Sector V logra sobrevivir sin tener que seguir recurriendo a los alimentos sintéticos, en el caso de los más afortunados, y de la caza de ratas e insectos, en el de los menos. Además, la potabilización de las aguas fecales por microfiltración y ósmosis inversa no siempre funcionan correctamente.
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